Matrimonio de hermanos

La descripción inicial de la vida en la casa es la evocación nostálgica de la cotidianidad feliz de los dos protagonistas, Irene y el narrador, dos hermanos que viven gozosos y en perfecta armonía en esa casa que es edén, arcadia y paraíso. Ambos persiten solos en ella, ajenos al mundo exterior, alejados de pretendientes que desparecen o mueren, ocupados en mantener una casa a cuya limpieza se dedican con esmero, método y rigor; en un paraíso completo, dos hijos del mismo padre viven alejados del mal. Adán y Eva.

Es un simple, silencioso matrimonio de hermanos que cierra una estirpe que se remonta hasta los tiempos de los bisabuelos y donde esperan morir. Ese incesto feliz entre los protagonistas se desarrolla en un mundo cerrado, impermeable al exterior, protegido por una invisible campana de cristal, una suerte de enorme acuario doméstico donde se pasan las horas, los días y los años.

Irene, que teje y desteje sus chalecos, nos remite de forma evidente a la figura de la homérica Penélope; como ella, la habitante de la Casa parece querer retener el tiempo en ese ejercicio doméstico.



1 comentario:

Mario Bueno dijo...

¿Quedamos, pues, en que es una relación incestuosa o no? Por otro lado, algo que no recuerdo apareciera en el foro y que aquí se cita, es la obsesión por la limpieza, como quien se obstina en eliminar la mácula de un pecado imborrable. ¿Alguno de ellos tendrá cola de cerdo?